¡Que no te hagan güey!

¡Que no te hagan güey!

Por Edu Villegas

Desde hace ya muchos años, me he mantenido firme en la idea de que es importante crear una cultura sana de consumo moderado de alcohol, pasar de la postura que lo sataniza y lo rodea de una serie de prejuicios, a una más inteligente y madura. La cultura de la prohibición y los hábitos restrictivos no son la solución. En el caso de países como el nuestro, donde se “prohíbe” la venta de bebidas alcohólicas a “menores de edad”, solo se fomenta un discurso hipócrita y nada saludable.

Desde hace siglos nuestro país ha vivido bajo la sombra de leyes que prohíben, prohíben y prohíben; pero también de normas sociales que restringen, restringen y restringen. Muchos de los argumentos empleados para prohibir algo van, desde la supuesta salud moral, hasta la salud mental de los niños, los jóvenes y las sociedades completas. Desafortunadamente en lugar de aprender a enseñar, a conducir, a aconsejar, para muchos ha sido más fácil condenar y prohibir; no te masturbes, no veas porno, no escuches esa música, no veas esas películas, no leas esos libros, no bebas alcohol, no tengas sexo, etc. Tristemente para muchas familias, ha sido más llevadero dejar la responsabilidad de educar a sus hijos a las organizaciones y las leyes, para no tener que lidiar con esa responsabilidad.

El tema central de este texto es el consumo moderado de alcohol, es decir de la cultura del consumo responsable y moderado. En una familia típica mexicana, es común ver que los adultos beban importantes cantidades de alcohol, incluso mandan a o mandaban a los chicos a comprar cervezas u otros, pero al mismo tiempo les dicen a los niños, que no deben beber alcohol. Los adultos consumen alcohol, al mismo tiempo que hacen  y practican leyes para que los jóvenes no lo consuman. Esta doble moral, no ayuda en nada. Cuando se actúa y “educa” desde la incongruencia, el único mensaje que se transmite es la duda y una curiosidad exacerbada. Los niños y los jóvenes son curiosos por naturaleza, así que con consentimiento de los padres o sin el, seguramente muchos probaran el alcohol, seguramente a escondidas, en ambientes no seguros y descontrolados. A las autoridades y padres de familia, les alarma ver a los jóvenes bebiendo grandes cantidades de alcohol en las fiestas o en los antros o en cualquier reunión fugaz de jóvenes, pero no actúan para educar a beber con responsabilidad. 

Promover y practicar una ley que prohíba la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad, no aporta nada positivo, ni construye una cultura sana. Es hipocresía pura, es un discurso “políticamente correcto” construido en la autocomplacencia más ramplona. Todos sabemos, que los chicos encontraran donde y como comprar bebidas alcohólicas. Lo preocupante es que esa conducta “clandestina”, es la que engendra malos hábitos de consumo.

Lo ideal es que nosotros los padres, los adultos, los profesionales del sector en bebidas alcohólicas, pongamos el ejemplo. Seamos embajadores del consumo sano y moderado de alcohol. Propongo que desde casa, nosotros mismos empecemos por hacer de la ingesta de alcohol un hábito de consumo moderado y sano, hablar con nuestros hijos, hermanos, padres o amigos, acerca de los beneficios de consumir con moderación (desde el placer de una buena copa, hasta los beneficios a la salud), platicar acerca de la belleza guardada en la historia de las bebidas, de su relación con las artes o con el desarrollo de las sociedades.  Podemos incluir vino o cerveza en nuestras comidas en casa, y compartirlo con los más jóvenes de manera moderada, para crear un hábito de cotidianeidad y normalizar así su consumo. Si los niños se habitúan a que en casa, se consume alcohol de manera sana y habitual, y ellos mismos lo prueban desde temprana edad,  crecerán sin prejuicios, ni esa curiosidad feroz generada por años de prohibición.

Puedo dar testimonio de que los resultados son positivos en el caso de enseñar a los niños sobre vino, yo mismo lo practiqué con mi Hija, a quien desde los 4 años de edad le daba a probar vino con la comida, para los siete años ya había desarrollado una preferencia por los vinos tintos secos (sic), y jamás, ni durante la adolescencia, tuve problemas con ella de alcoholismo, porque mientras  sus amigos tenían esa curiosidad que los llevaba a beber a escondidas de sus padres, Drunna lo podía hacer con total libertad y normalidad en casa; además de que para ella, una cerveza, un vino o cualquier otra bebida, no era ninguna novedad. Y para mejor, ahora  a sus 23 años, sabe pedir y beber un buen vino o una buena cerveza.

Conozco amigos que también piensan y actúan de la misma manera con sus hijos, y los chicos ven el tema con una naturalidad maravillosa, misma que haría escandalizar a los más “conservadores”.

Así pues, para cerrar, me gustaría decir que, sería maravilloso ver que en lugar de una campaña (o campañas) tan patética como la de “No te hagas güey”, se llevaran a cabo campañas educativas para desprejuiciar a los adultos, para enseñarles y que posteriormente, o al mismo tiempo, se educara a los más chicos para que no tengan prejuicios, ni veladuras acerca de las bebidas alcohólicas. Estas campañas deben generarse desde el sector profesional mismo, las ONG, las instancias de salud o desde las escuelas (mejor aún).

Es educando y no prohibiendo, como se logran los avances.

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