De nuestros destilados, del consumo y más delicias.


De nuestros destilados, del consumo y más delicias.


Por Edu Villegas

A priori

A largo de muchos años (décadas de hecho), en nuestro país hemos visto por encima del hombro a nuestros destilados. El desprecio por algunas de nuestras bebidas alcanza niveles caricaturescos. Solo como ejemplo, citare el caso del Tequila.
Hace tiempo escribí acerca del rescate de este destilado por parte de nosotros como consumidores. Pero volviendo un poco a ese tema, y solo, como antesala del punto que deseo desarrollar en esta entrega, quiero decirte amable lector que el Tequila sufrió en carne propia, el desprecio y prejuicio de casi todos los mexicanos, y por mucho tiempo. En mi infancia (no hace tanto, ¡no vaya a usted a creer!, solo tengo 42 inviernos), recuerdo a la gente mayor diciendo con gran vehemencia, que no beberían tequila; de los argumentos que recuerdo, son tan variopintos y estúpidos, que prefiero omitirlos, pero seguro también los escucharon, si es que son más o menos contemporáneos míos.
El punto es, que toda vez, que el Tequila logro un posicionamiento importante en los mercados extranjeros, y solo entonces, le dimos el valor que merecía, en este renglón también están los productores, que no crean que la libran.

¡Ah…..pero como era lindo beber Whisky o Ron, o Cognac! Y ahora resulta que todos son amantes del destilado de Tequilana Weber Var. Azul. Y no estoy juzgando el hecho de que en la actualidad se consuma mucho, no para nada, ¡de hecho me parece muy bien!, solo exijo una memoria honesta.

El fenómeno Boomerang

Es así como llamo, al asunto del que fue objeto el Tequila en México; es decir salió de aquí, se reconoció fuera y lo acogimos de vuelta, envuelto en gloria (casi como al hijo prodigo). Lo que encuentro negativo de todo esto es, como pondere más arriba, que de inicio no fuimos nosotros, quienes le dieran el valor merecido, sino los extranjeros. Para colmo de males, me he encontrado con páginas en Internet, de origen estadounidense o canadiense, que cubren este tema más amplia y profesionalmente que algún sitio mexicano.
Para este momento nos encontramos en la frontera de ese mismo fenómeno, para el caso del Mezcal. Por experiencia propia, me he enterado que muchos de los mezcales premium, no se comercializan en nuestro país, y se venden en E.U., Francia, Alemania y Japón.
Lo anterior es extraordinario, pero, nuevamente se repite la historia; el Mezcal todavía no logra posicionarse absolutamente en el gusto general del público, y las razones: miles de prejuicios.
Se tiene la idea de que es una bebida “aguardentosa”, de intensidad alcohólica elevada y de sabor desagradable o ahumado. Pero lo cierto que en ese sentido (en el de la elaboración) los productores se han puesto las pilas, pienso que debido a la previa experiencia del Tequila, y han destilado deliciosos elixires, explotando al máximo las características particulares de cada agave (porque no piensen que únicamente se elabora de una sola variedad, por ejemplo, el famoso Espadín-Angustifolia-), de cada terruño, y la sapiencia y sensibilidad de los maestros destiladores.
Aquí el asunto queda más del lado de los consumidores, ya es tiempo, de darle una oportunidad a los buenos mezcales, y no solo a los de carácter artesanal, que no siempre son tan buenos como se piensa generalmente, sino también a destilerías que se están esforzando por hacer las cosas con la calidad y el respeto que merece tan ancestral y emblemática bebida.
Por ese mismo oscuro sendero transitan bebidas tan entrañables y simbólicas como el Sotol o el Bacanora (ambas incluso, con Denominación de Origen). No hace mucho, era casi imposible encontrar una botella de Sotol, fuera de la región de Coahuila, Chihuahua o Durango. Tampoco es que ahora abunde, pero la misión, ya no es imposible. En lo concerniente al Bacanora, todavía sigue siendo muy complicada su distribución y por lo tanto, muy poca gente dentro de nuestro enorme país, lo conoce o lo ha bebido alguna vez. Sin embargo, ya existen extranjeros que les están dedicando amplias notas a estas bebidas.

La propuesta (decorosa)

Sugiero diluir nuestros prejuicios en una pequeña copa de Mezcal, Sotol, Bacanora, Raicilla, etc. Créanme que vale la pena, aproximarnos a productos de calidad y dejarnos guiar (por un experto o por nuestros instintos) con mente y corazón abiertos. Lo único que tenemos que perder es la mala imagen, los prejuicios y un oscurantismo tremendo. Aprovechen cada oportunidad, para conocer una nueva marca, una nueva variedad de agave, una región diferente; en ese sentido me permito recomendar, consigan por ejemplo mezcales de diferentes variedades y regiones, y catarlos o degustarlos, comparativamente (es decir, hacer la cata simultanea de todas las muestras), de preferencia blancos, para conocer mejor las características y cualidades de cada variedad. Pero no hay que prejuiciarse, ya que también hay excelentes reposados y añejos.
De igual forma, si tienen la oportunidad de asistir a alguna mezcalería, bébanse un mezcalito, ¡pero no se lo beban con una chela industrial como chaser!, saben de que hablo.

¡Y menos en un horrible vaso de veladora!
Me parece frustrante, que en estos templos mezcaleros, nadie se preocupe por darle relevancia y recomendarlos como se debe, pero la culpa no es toda del mesero (¿verdad señores dueños?).
Finalmente, sería muy bueno leer acerca de estos destilados, probarlos, participar en catas o tomar por cuenta propia, la idea de explorar y dejarnos sorprender por tan hermosos brebajes.

Citando una rola del grupo La Barranca: “abrir el corazón y servir el Mezcal” y la complemento: y el Sotol y el Bacanora.

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